Me siento en el suelo de mi habitación. Todo está oscuro, salvo por una pequeña luz que hay en la otra punta de la sala. La música, tranquila al principio. Observo mis piernas. Busco la cuchilla, mi cuchilla favorita, ''Amigos'' se puede leer en ella, escrito con un permanente negro. La música empieza a cobrar vida, los altavoces están al volumen máximo. Suena fuerte. Ya no hay lágrimas en mis mejillas, sin embargo, la sangre cae por mis rodillas. Un corte. Dos cortes. Tres cortes. Y así hasta que son un millón y tres. ¿Una más? Claro. Cuatro. La sangre cae al suelo, negra. Dejo la cuchilla en un pequeño charco de sangre. La tocó. La huelo. Me encanta. Presiono papel en las hemorragias. Puedo controlarlo, sé lo que estoy haciendo. No me importan los demás ni yo les importo a ellos. ¿Por qué nadie entiende esto? Quizás soy yo la que lo dramatiza todo, pero, dentro de mi no es así. Puede que tenga un problema, ¿y qué? Soy así. Sé que estoy enferma. Solo... solo necesito sentirme viva otra vez. Nadie tiene porque enterarse, los únicos espectadores son mis muñecos y peluches. Y Ella. Pero ninguno dirá nada, y menos Ella. Porque aunque Ella si que puede hablar, solo la oigo yo. Y por eso me tratan de loca. Sé que me tienen miedo. Yo también lo tendría, pero, sé que no estoy loca. ¿Por qué lo sé? Porque no soy la única.
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